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Robbie Williams Entrevista de Robbie Williams

Autor: Gisela | 15 agosto 2008 | 46 Lecturas

ROBBIE WILLIAMS, ENTREVISTA




Robbie Williams, Entrevista, esta y muchas entrevistas mas donde el cantante lo cuenta todo sobre su musica y su vida, todo sobre el y mas sobre acerca de Robbie Williams, Entrevista.
 


Tiene 31 años pero ya las pasó casi todas. Sobrevivió a una severa adicción a la cocaína y dejó atrás las borracheras para asumir el trono de rey del pop. En una entrevista exclusiva, habla de drogas, fútbol, fama y mujeres: un cóctel explosivo.

Aquí, encima de lo que cinco siglos atrás era Tenochtitlan –una ciudad imperial que se levantó sobre un pantano–, el emperador del pop está a punto de hacer su regia aparición. Todo está listo en el Salón Veracruz, en este lugar que alguna vez le perteneció a los aztecas y hoy es parte del inventario de una cadena hotelera.

Pompey, guardaespaldas con ínfulas de sombra, hace lo suyo: muestra una cara de ningún amigo. Josie, su asistente omnipresente, avisa que Robbie no hablará de política, que ya se hartó de repetir que Bush le parece “un idiota” y que Blair “es un títere”. La ejecutiva de la discográfica pretende que la charla se encauce alrededor de Intensive Care , flamante disco que el cantante vino a presentar a la capital mexicana.
Y el mozo se muerde la lengua para no insultar cuando ve al argentino birlando el California Roll que coronaba la bandeja de sushi: “Quería que Robbie viera la mesa prolija, huey ”, rezonga el único de los presentes de sangre puramente americana.

Al fin, tras tantos prolegómenos, Robert Peter Williams se digna a aparecer. Ve la camiseta blanquiceleste de su futuro interlocutor y ni repara en el sushi. El cantante de 31 años, británico hasta el caracú, no empezará la charla contando que lleva tres años sobrio. Tampoco recordará su niñez en Stoke on Trent, ni su paso por la banda Take That. Ni siquiera hablará de su romance actual con el tarot, el ocultismo y demás yerbas. El hombre ve la camiseta de la selección que más tristezas le dio, y quiere hablar de fútbol. Del último partido entre Argentina e Inglaterra –el 3 a 2 agónico para ellos–, para ser precisos. Quiere revolver la daga clavada en nuestro corazón futbolero. “Vamos, no te pongas mal –gastará–. Les ganamos de pedo, y es obvio que sólo fue un amistoso. Pero es fantástico que les ganemos, ¿qué voy a decirte? ¿Que no te deprimas?”
(Ay, Pekerman, ¿cómo perdimos así? Aunque una regla básica de la entrevista aconseje bajar la cabeza y darle la razón, el orgullo herido ganará la partida.)

Recordá los partidos del 86 y el 98. En los mundiales se ve la verdad.

Yo recuerdo todos los partidos con la Argentina, incluido el de 2002, que les ganamos fácil. Pero no voy a fingir que Argentina no tiene aspectos brillantes. Para mí, hoy nosotros somos la selección número dos en el mundo y ustedes son la número tres. No era el Mundial.

¿Cuándo ves esa clase de partidos, no hubieras preferido ser Michael Owen en vez de Robbie?


No. Quería ser jugador cuando tenía nueve años. Pero me hace muy feliz ver a esa gente talentosa desplegar su arte. Me gustaría tener el don que tienen, pero no me tocó, por desgracia.

Le tocó todo a Maradona.

Ese tipo tiene tal habilidad... Es una leyenda viviente, un dios del fútbol. Ojalá tuviera una centésima parte de su talento.

Bueno, ya tienen algo en común: los dos dejaron las drogas.


Sí, lo sé. ¿Qué edad tiene? ¿Ya 42? Todavía puede jugar, estoy seguro.
(Bueno, ya basta de fútbol, que no estamos en la sección Deportes. Es hora de cortarlo en seco.)

Sí, jugó un par de partidos… Pero hablábamos de drogas, ¿en qué momento decidiste dejarlas?


No fue un momento único, fue un proceso. Tenía 19 cuando me di cuenta de que tenía un problema.

¿Estabas fuera de control?


Bueno, la verdad es que no tenía el control. Me di cuenta a los 19 años, pero no quería parar. Porque pensé que sólo era un individuo que tomaba drogas. Y me llevó quizás otros ocho años hasta que finalmente finalmente acepté que yo no era libre, que las drogas decidían por mí. Pero eso no significa nada. No soy ejemplo de nada... Pasó así.

La época más dura

“Así” significa que fue durísimo. Para dejar la cocaína, Robbie se recluyó en Clouds House, una clínica en la que a cambio de 4 mil libras lo sometieron a la primera cura de desintoxicación de su vida. Allí, sin habitación privada ni privilegio alguno, pasó seis semanas pesadillescas en 1998. Se presentaba en las sesiones grupales como: “Rob, alcohólico y drogadicto”. Contaba una y otra vez lo difícil que fue para él –hijo de padres separados y chico inseguro en el fondo– tener éxito a los 17 años, en los días de Take That. Hablaba de lo complicado que le resultó abrirse un camino como solista, de la duda que le carcomía el alma: ¿era más que un producto de marketing? De cómo el éxito de su canción Angels fue excesivo, y lo hizo creerse un intocable.

Esa no fue su última internación, pero sí la crucial. Sabe que, de no haber entrado en la clínica ese día, hoy no podría ufanarse de sus tres años de sobriedad.

Tenés llegada a miles de jóvenes y sabés lo duro que es ser un adicto, pero no te veo haciendo campaña contra las drogas. ¿Por qué?

Porque no me meto en la vida de los demás. Creo que si ellos están utilizando drogas es por decisión propia. Lo dije hace poco cuando le empezaron a pegar a Kate Moss por su adicción a la cocaína: yo no soy un ejemplo de nada, y sólo puedo decir que es imposible dejar de consumir drogas si uno no tiene la voluntad de hacerlo. Yo no hago campañas porque no sirven para nada. Cuando yo tenía 17 años consumía mucha cocaína, y si hubiera visto a un personaje de 31 años –la edad que tengo ahora– diciéndome que no lo hiciera, lo hubiera mandado a cagar.

Dejaste la cocaína, llevás años sobrio... ¿ya no tenés adicciones?


Sí, pero ya no a las drogas duras. Soy adicto al café, a la nicotina, a algunas pastillas…

Antidepresivos, ¿no?


Sí, no los puedo dejar del todo, aunque son una mierda.

Cualquiera diría que no tenés motivos para deprimirte…


Pero no están en mi pellejo: no es tan fácil ser Robbie Williams.

Digamos que la tuya es una naturaleza adictiva. ¿No será la fama la peor de las drogas?

Pienso que el éxito es una droga. Eso de querer crear lo mejor que se puede y no estar feliz con lo que hacés es una adicción. Si no lo tenés, el éxito es una droga temible.
Libertad, divino tesoro.
No debe ser fácil entender que la ley de gravedad hace de las suyas tarde o temprano, que todo lo que sube tiene que bajar. Al menos, no debe ser fácil si uno se llama Robbie Williams y su nombre convoca a 375 mil personas en un show (el que hizo en su país natal dos años atrás, en el bosque de Knebworth).

Si un día nadie compra tus CDs ni va a ver tus shows, ¿qué harías?

Ey, Madonna tiene 47 años y sigue vendiendo discos. Todo puede pasar, pero la verdad es que no sé cómo sería no tener éxito. Tal vez sería un alivio; tal vez estaría increíblemente triste. No es algo que espere, pero posiblemente pueda dominar el hecho de que el éxito desaparezca. O eso espero.
(El hombre está más reflexivo, no hay dudas. ¿Será que está en plena crisis de los treinta?)

A tu edad, uno empieza a recordar su adolescencia seguido. Escuchando tu último disco sentí que te pasaba algo similar. ¿Es así?


Sí, tal cual. Me pasó en los últimos tres años. Me siento triste porque me da mucha nostalgia. Me di cuenta de que la época de colegio es la última en la que somos libres genuinamente. En ese entonces no tenía responsabilidades. Era libre de verdad, y a veces extraño eso.

Debe ser frustrante no ser libre de salir a la calle cuando querés.

Bueno, eso ocurre, y por eso dejé mi país. Hace unos años que vivo en los Estados Unidos, y ahí soy libre. Muy poca gente me conoce, así que puedo sacarme un moco o rascarme el culo y pasar inadvertido, lo cual es maravilloso. Pero llevo un estilo de vida muy privilegiado. El dinero me permite hacer mucho. Cuando voy a la Argentina, me divierto y actúo como un pop star . Y cuando vuelvo a casa en Los Angeles, soy libre en serio.

Dicen que te quedás encerrado días, jugando al Scrabel…

Juego al Scrabel. Juego al fútbol. Voy al cine, tomo café, veo a mis amigos: todo lo disfruto mucho... Ocasionalmente tengo sexo.

¿Ocasionalmente? Parece que a los 31 el sexo ya no es eltema.


No sé. Lo cierto es que ya no soy lo que era… Estoy en un ritmo de una vez por semana. Patético, ¿no? (Hombres argentinos, recorten el párrafo de arriba. ¿No los tranquiliza saber que el objeto de deseo de sus novias, esposas o hijas ya no es lo que era? Lo único que falta para hacer cartón lleno es que aquel rumor sea cierto... ¿Cómo preguntarle si es o se hace? Como quien no quiere la cosa, haciéndose el sota.)

Hace poco posaste desnudo; te la pasás hablándo de sexo... Te quejás cuando lo dicen, pero das el pie para que se discuta tu sexualidad.


Mirá, a mí me encanta hablar de mi sexualidad porque me parece genial que todo el mundo le dé tanta importancia, más de la que tiene… Yo no entiendo por qué se preocupan tanto de si alguien es gay o no, si eso no es lo importante.

Además, si lo fueras no tendrías por qué decirlo.

Claro. Yo seguiré jugando con mi sexualidad porque cuando digo que no soy gay no me creen y si lo acepto, me responden: ‘¿Viste? Ya me parecía’. Me pasa como le ocurría a las brujas unos siglos atrás, que las arrojaban a un lago para comprobar si eran brujas o no. Si morían ahogadas quería decir que no eran brujas, pero morían; si se salvaban, era que sí lo eran, y entonces morían en la hoguera.
(La respuesta será súper estudiada, pero no deja de ser efectiva. El tipo gambetea con cierta elegancia las preguntas molestas. Le digo que en la cancha de fútbol no ha de ser tan hábil, y lanza el desafío: “Veámoslo en una canchita de fútbol de Buenos Aires”.)

¿Vas a volver a la Argentina?

Sí, y esta vez voy a tocar. La fecha es en octubre, y tocaré en el estadio de River Plate. Es grande, ¿no?

Sí, pero preferiría ignorar a River: soy de Boca.

Lo entiendo perfectamente. ¡Cómo me gustaría ver ese partido! Debe ser mejor que nuestro clásico local, el del Port Vale –mi equipo – con Stoke City. ¿Qué pasaría si cuando estoy en Buenos Aires apoyo a un equipo y no al otro?

Si tenés que elegir, no hay dudas: Boca. Es más popular.

Bueno, por las dudas sólo me pondré la camiseta de Argentina. Al fin y al cabo es la de Maradona. Y yo lo amo, en serio. En Inglaterra fue terrible cuando hizo lo de la mano de Dios ; pero para mí el siguiente gol que nos hizo valió por tres así que nos cerró la boca. Debo admitir que no lo pensaba así en ese momento, pero ahora...

Esos goles los hizo en el estadio en el que cantaste aquí.


¿En el Azteca? Diablos, soy el único inglés que gana ahí. No puedo creerlo. No sabía que allí había sido lo de la mano de Dios ...

A propósito, ¿nunca te sentiste Dios arriba del escenario? Ver a una multitud que te venera debe hacerte sentir poderoso...


No, soy el mismo arriba o abajo del escenario, pero cuando empiezo un show mi mellizo malo toma el control. Hay momentos de comunión perfectos, pero sé que al final todo es una actuación.

Creí que eras músico, no actor.


Soy un entertainer . No puedo subir al escenario todas las noches y ser yo. No puedo subir al escenario todas las noches y ser sólo Robbie: no sirve para el show.

Dicen que cuando no estás en escena, sos otro. Que te sentís mal si te dejan solo. ¿Sos así de fóbico?


Ya no. En los últimos meses pude curarme. Es más: estuve solo cinco semanas en los últimos tres meses. Es un gran avance para mí.

En tu último disco cantás: “No puedo amar”. ¿Es cierto eso?

No; en el próximo álbum escribiré que no puedo dejar de amar. Creo que es más fácil amar, y yo soy un buen chico que puede amar.

Pero para vos debe ser muy difícil encontrar una chica, o un tipo…

Vi el gesto que hiciste mientras decías ‘un tipo’. Te agarré, ja.
(Dios, justo acaba de ganarle un juicio a dos revistas que lo acusaban de ser gay. ¿Debería llamar a un abogado? La idea era contarle que Amalia Granata, la rosarina que durmió con él cuando visitó el país un año atrás, lo dejó bien parado. Que la rubia había dicho: “Perdí la cuenta de cuántas veces me llevó al clímax del placer”.)

Decía que debe ser difícil hallar a “alguien especial” –mejor así, sin género– que no te elija por la fama.


Fácil no es, pero me las arreglo para llevar a alguien a la cama cada tanto, aunque no lo creas. Y alguna será la madre de mis hijos.

¿Y si se te acercan sólo para contarlo? La chica que durmió con vos cuando viniste al país se la pasó dando detalles de esa noche.

¿Pasó eso? No me extraña… Me acuerdo de esa chica, y recuerdo que fue algo encantador. Mirá: yo no estaba buscando ninguna chica esa noche. O al menos, no buscaba a la que iba a ser mi mujer para siempre. Y esa chica rubia –no me acuerdo cómo se llamaba – era fantástica. No es por decirlo, pero las mujeres argentinas son increíbles.

En eso estamos de acuerdo.

Esa chica no hablaba inglés bien, pero me dijo que tenía novio. Estuve con ella y me dijo que no podría volver al hotel porque tenía novio. ¿No es gracioso?

Lo más probable es que sólo quisiera estar con alguien famoso.

Ojalá mi éxito sea un factor de atracción porque el éxito atrae al éxito. Pero, ¿qué puedo hacer? Mi éxito viene conmigo, y espero que lo admiren. Pero soy un tipo bueno de verdad. Es todo un paquete. Hay mucho para enamorarse; no es sólo el Robbie del escenario.

¿Cuál es el verdadero Robbie? ¿El actual o el anterior, más fiestero?

Hay muchos yo dando vueltas, aunque no soy esquizofrénico.

Pero tuviste suerte. Ninguno de tus yo le hizo caso al refrán rockero: “Vive rápido, muere joven”.


Tengo cosas que hacer antes de morir. Quiero vivir mucho tiempo y sacar muchos discos. Me gusta la música. Me gusta tener éxito y escribir canciones: es mi objetivo.

¿Sos bueno en lo tuyo?

No entiendo qué querés decir.

Iba a que así como el futbolista Carlos Tévez dice que “Beckham es demasiado lindo para jugar al fútbol”, muchos dicen “Robbie es muy lindo para ser buen músico”.


Creo que a veces el fanatismo y el prejuicio ensombrecen la percepción de la gente. David Beckham ganó muchos torneos, es capitán de Inglaterra, juega para el Real Madrid: la evidencia es que es un grande. Y la evidencia respecto de mi rol como compositor o sobre el escenario, es simple: habré vendido 50 millones de álbumes cuando termine el 2006. En total. Actuaré para 2,8 millones de personas en mi próxima gira... La evidencia es que soy condenadamente bueno en lo que hago.

Así te la debés creer… ¿Quién te dice: “No, Robbie, eso no”?


Es difícil ser crítico estando conmigo, pero lo que sí sé es que no hace falta decirme que no muy seguido. Casi nada de lo que hago es una porquería. Está mi madre: a veces me hace cambiar de idea.

Tenés más de lo que soñabas. ¿Es más de lo que merecés?

Tengo todo lo que merezco porque me pasa a mí. Dios, o tal vez el Diablo, decidieron que recibiera esto. No estoy diciendo que yo pensara que merecía tener tanto éxito, pero lo tengo.

¿No será demasiado para una sola persona?


Tendría mucho más si no diera tanto. Doy mucho, y no hablo sólo de dinero. He dado mucho de mi vida. Subo al escenario y doy todo lo que recibí. Canto mis canciones y doy todos mis secretos, cuento mi vida. Y a cambio, no tengo que preocuparme por casi nada. Sólo sé que cuando empiezo un show hay en el aire una especie de electricidad, y sigue estando ahí. Entonces sí, tengo lo que merezco.


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| Visitas: 46   |   Fecha: 15 agosto 2008   |    Categoria: Robbie Williams

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